Breve Historia de Achupallas
Programa de Historia y Cultura Local.Corporación EKOSOL – Educación y Cultura.
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INTRODUCIÓN
A 20 minutos en locomoción colectiva desde el centro de la ciudad, hoy Achupallas aparece totalmente integrada al orden y funcionamiento de la ciudad. Atravesada a medio por una carretera internacional se siente cada vez más cerca del boom “remodelador” con nuevos remozamientos de vías, y levantamientos de altos y costosos edificios de departamentos, supermercados, cadenas de farmacias, automotoras varias, “Home Center”y “Mac Donalds”. En conjunto producen el incremento de la valía del suelo de la ciudad (14 Unidades de Fomento el metro cuadrado, en 1995). Esto sube como hervor de agua cada vez más también a los cerros. Por ahora los radicados achupallinos están contentos, pues, el avalúo de sus propiedades se eleva sustantivamente y comprar un terreno allí, ya no resulta tan barato, como lo era, hace solo unos años atrás.
En su carretera (Carlos Ibañez) transitan cientos de vehículos diariamente; automóviles particulares, grandes camiones y sobre todo buses. Ello se intensifica llegando a la rotonda Santa Julia, desde donde uno puede dirigirse al centro de la ciudad, hacia Quilpué, Miraflores, a la costa camino a Con Con o hacia comunas y provincias denominadas acá como del interior de la región (Quillota, Calera, San Felipe y Los Andes).
La localidad, si bien muestra, pos varios lados, todos los rasgos de un asentamiento popular masivo hecho por autoconstrucción, también genera el efecto de un lugar en buena medida urbanizado, integrado a la gran urbe, conectado a los circuitos de vida de la ciudad. El territorio se ve grande y extenso. Y al cruzar la Avenida Ibañez del paradero uno al paradero 12 se confirma su gran dimensión. Pero; ¿ qué es lo que hay dentro de este territorio?, es difícil asimilarlo con una sola pasada.
El territorio achupallino de los años “90”, no es el mismo que conocieron sus colonizadores, a mediados de los años 50. Hoy es un lugar densamente poblado donde cada día queda menos espacio para edificar. El progresivo poblamiento y los adelantos urbanos modificaron el paisaje.
Pero su forma característica, de gran planicie en las alturas de Viña del Mar, con quiebres y cerros dentro del gran cerro, no ha variado, permanece intacto. Todavía encontramos en sus laderas una variedad de arbustos y matorrales silvestres. Y por el cariño al terruño de algunos de sus vecinos (como don Eduardo Ugarte) uno puede hallar vertientes naturales. Lo que ya no existe son los bosques de pino y eucaliptus que con tanta nostalgia recuerdan los antiguos achupallinos.
Las quebradas hoy por hoy encontraron su relevancia pues, si bien hasta hace una década, a pocos se les hubiera ocurrido instalarse con casa en una quebrada, ahora son muchos quienes llegan y las pueblan. En estas, se han llevado a efecto las llamadas “tomas silenciosas”. Se han ido instalando piezas de madera, de internit, casas de materiales mixtos, casas sólidas, etc. la estrategia es; primero se aplana el terreno, luego se instala una pieza (de material liviano), a medida que pasan algunas semanas comienza un proceso de movilización para hacer los trámites de regulación del terrero y la consecución de servicios básicos. Es aquí donde se ha estado expresando el proceso de crecimiento más nuevo (y tal vez más numeroso) de población. La otra tendencia fue la construcción de una segunda casa “(independiente)”, dentro del mismo sitio original del grupo familiar. La ocupa un descendiente de la familia o se arrienda como medio de mejorar la renta familiar.
La mayoría de las unidades vecinales mantiene los nombres primeros que recibieron cuando se hicieron los sorteos de terrenos. Así aparecen la Villa Independencia; Sedamar y Sedamar Oriente; Textil Viña, Sector (Textil) Caupolicán; Pueblo hundido, Shell- Textil, Empleados particulares; Marina Mercante; los Almendros, Sector Guzmán, son referencias a lugares de fuentes laborales.
Destacamos hoy en el lugar su importante nivel de urbanización. La gran mayoría de la población cuenta con agua potable, luz eléctrica, y alcantarillado. Los adelantos mucho tienen que ver con los esfuerzos y las inversiones de los propios achupallinos a lo largo del proceso de poblamiento del sector.
II Historia de Achupallas:
Primera etapa.
En su memoria los pobladores colonizadores guardan las experiencias vitales que dan cuenta y otorgan razón a la importancia que le dan al habitar hoy en Achupallas.
“...Arrendábamos en Santa Inés en la calle 4- a una cuñada. Antes de casarnos yo le insistí a mi marido que teníamos que comprarnos una casa, sea lo que sea, para tener algo propio...entonces salió la noticia que entregaban terrenos por Sedamar, y yo le dije a él. El trataba de hacerme arrepentir me decía ¡cómo vamos a vivir ahí¡ cuando no hay agua ni luz ¡no importa¡, le dije, de alguna manera vamos a tener, yo me arriesgo. Nos vinimos y ...fue la pascua más linda y romántica que recuerdo, iluminados sólo con velas. La casa eran dos piezas que se ventilaban por todos lados, pero nunca me sentí mal por eso a mi me bastaba que fuera nuestra y ya veríamos como se iría arreglando...” ( recuerda la señora Herminda)
a.- Los orígenes (1950-1954)
La historia de Achupallas se remonta a década del ‘50, cuando trabajadores vinculados a los numerosos sindicatos que existían en la zona deciden adquirir el fundo “Las Achupallas”. Por ese entonces la comuna de Viña del Mar, vivía un gran dinamismo económico y la ciudad sufría vertiginosos cambios. La industria tenía un lugar destacado en las fuentes laborales y este hecho quedó grabado en los recuerdos de los habitantes de Achupallas.
Estaba Caupolicán Algodón, ULA, SEDAMAR; GATRY (donde hoy está el Lider), Textil Viña, Ambrosoli, COIA, Oxiquim, SIMSA, entre muchas otras, varias de las cuales están desaparecidas.
El dinamismo industrial que experimentó la ciudad activó a otros rubros económicos de la zona, como el comercio la construcción y diversos servicios. Junto con ello, se generó un poderoso foco de atracción para miles de trabajadores (hombres y mujeres) que llegaron a la ciudad en busca de mejores horizontes, llegaron de regiones del norte y sur del país, así como también de distintos lugares de la provincia de Valparaíso. Fue tal la cantidad de los que llegaron que la comuna de Viña, creció entre los años 1940 y 1959 en un 42%, superando, hacia 1960, la cifra de 100.000 habitantes. Pero como en todas ciudades de Chile, este aumento explosivo de población trajo consigo una serie de dificultades urbanísticas y sociales. A medida que creció la población, se fue haciendo más difícil la situación de la vivienda.
Arriendos caros, casas en malas condiciones, hacinamientos, eran situaciones comunes a las familias populares en ese tiempo. Fue en medio de esa realidad donde nace el proyecto “Las Achupallas”, cuando miles de trabajadores se ven obligados a plantearse sus propias alternativas de solución habitacional. En 1948 surgió la Confederación Nacional de Sindicatos Obreros de Viña del Mar, institución que reunía a más de 150 sindicatos y gremios de la zona y del país. Desde la Confederación liderada entonces por don Rubén Hurtado y Emilio Puebla, entre otros surgió la iniciativa de comprar el fundo Las Achupallas. Así, este hecho, es recordado por el vecino Eduardo Tapia:
“Fue entonces cuando la directiva de la Confederación tuvo la visión de comprar los terrenos que conformaban el fundo Las Achupallas, que pertenecía a unos turcos, la Familia Kameidi. Todo el terreno costó 7 millones 250 mil pesos que se obtuvieron del pago que hicimos los trabajadores, habíamos unos 10 mil afiliados en ese tiempo.”
La compra del fundo se materializó en el mes de Junio de1950 y se operacionalizó por vía del Sindicato Industrial; Compañía Refinadora de azúcar- CRAV-; por ser esta una agrupación que tenía personalidad jurídica y el respaldo en bienes para hacer efectiva la compra. El extenso predio, tenía más de 9 millones de metros cuadrados, y sus deslindes comprendían el actuar sector Limonares por el oeste, El Jardín Botánico por el este y desde la Población Santa Julia por el norte, hasta los terrenos de la Cooperativa Canal Beagle. El proyecto en el imaginario de los sindicalistas, consistía en la construcción de una ciudad satélite donde pudieran vivir 10 mil familias de trabajadores de la zona.
Este megaproyecto como lo llamaríamos hoy, era, por cierto ambicioso. La flamante ciudad obrera contaría con todo lo indispensable para vivir y desarrollarse en el sector, tendría casa para habitar con dignidad, centros comerciales, escuelas, lugares para el culto, áreas verdes para el esparcimiento y recreación y sus amplias calles y avenidas que reflejaban una visión de futuro en sus inspiradores.
Pero con el correr de los años el proyecto se fue dilatando y su realización se fue enredando en innumerables trabas legales, situación que lo mantuvo en buena medida paralizado por casi una década. Aún así, ya en los años 50 nos encontramos con grupos de familias en Achupallas. La mayoría eran personas que vivían en el lugar en calidad de inquilinos o medieros radicados en el sector. Otros pocos eran ocupantes y cuidadores de sitios cuyos propietarios no querían o no podían venirse a habitar todavía. En general se trató de viviendas muy precarias, aisladas entre sí. Fueron chozas o ranchos instalados en un paisaje semi rural, con crianzas de animales, bosques y cultivos menores. El aislamiento fue notorio respecto a la ciudad. Hacia fines del 50, los directivos de la Confederación crean una figura jurídica, La Sociedad Promotora de Viviendas Económicas, PROVIEN, instancia a la cual se traspasa los bienes adquiridos y la administración del proyecto. A su cabeza aparecen varios de los mismos dirigentes de la confederación. La sociedad se encarga de llevar adelante numerosas iniciativas, entre ellas gestiones ante el Estado y Organismos Internacionales, fabricación de bloques y tubos de cemente, fabricación de ladrillos, compra de maquinarias pesadas, y varios otros de gran envergadura. Fue en este periodo cuando la sociedad, gestionó ante las autoridades medidas para iniciar la urbanización de los terrenos y consiguen un préstamo de 2 millones de dólares con el Banco Interamericano del Desarrollo ( BID), gracias al cual comienza una etapa de ejecución de obras. De esta manera, se inicia la apertura de caminos y se plantean las primeras medidas de adelantos en algunos sectores.
Se levantaron 1880 viviendas en lo que fue la Población “Villa Dulce”, a lo que acceden principalmente los trabajadores de la CRAV, por ese tiempo “ los mejores remunerados a nivel de Industrias”. Otros, asociados en cooperativas, dieron origen, mediante gestiones con el Ministerio de la Vivienda a la población “Canal Beagle”. Con anterioridad, el llamado sector “ Los Limonares”, había sido vendido a la CORVI que desarrolló allí un masivo plan habitacional. Pero un amplio grupo de asociados, optó por un plan de autoconstrucción. Querían levantar las casas a su manera, de acuerdo a sus posibilidades. Esto dio origen a lo que hoy conocemos como Achupallas o sector autoconstruccción, como se decía en ese tiempo. Su desarrollo y urbanización fue, en general distinto al resto de los sectores y su caminar mucho más lento, y sacrificado que el de los demás. Pero por eso mismo, generó también un interesante proceso de desarrollo de la identidad de sus pobladores.
b.- Segunda etapa: La Colonización (1955-1964)
Comenzaron llegar los primeros habitantes de Achupallas, que hasta fines del ’50 todavía eran muy pocos. Según el censo de 1960, en el sector vivían sólo 1.714 personas ( en todas las “Achupallas”).
Pero ya desde el inicio de la década del ‘60 se fue incrementando notablemente su población. En una primera etapa, (que va del ‘61 al ‘64), el incremento se debió a la construcción de dos poblaciones; Villa Dulce, CRAV y Villas Dulce Norte. Luego se sumaron Villas Independencia, levantada por los socios del Sindicato de Trabajadores Independientes de Viña del Mar, SEDAMAR Oriente, Marina Mercante, Santa Julia Norte y Santa Julia Central. Fue este un periodo de colonos, como gustan llamarse los primeros habitantes, donde todo estaba por construirse.
“...Esto era un verdadero campo, no teníamos negocios, había que ir al plan, había una sola micro que hacía 2 viajes al día, los caminos eran sólo senderos.
Era muy bonito, mantenía ese ambiente de zona rural, los vecinos nos ubicábamos muy distantes uno del otro, y siempre que venía alguien a ver los terrenos, los vecinos salían a alentarlo para que se quedara”.
Lo que más urgía en ese tiempo, era la falta de agua, que en mi caso lo resolví en la construcción de una noria que servía también para el consumo de los demás vecinos...”.
Fue en ese ambiente más bien, de tipo rural, que poco a poco los achupallinos comenzaron a levantar sus viviendas. Lo hicieron usando en muchos casos los recursos que el propio territorio achupallino ofrecía en esos momentos. Así, tierra, árboles y ramas formaron parte de los materiales con que se construyó la vivienda. Además del trabajo propio de los colonos.
“...Mi papá, al principio, construyó una casa con barro mezclada con ramas de pino. En ese tiempo, casi todas las casas se construían así...”. (Nancy)
“...Yo valoro los sacrificios que hizo mi marido por esta casa, él la construyó y yo le ayudaba en lo que podía, armando los pastelones de adobe. Recuerdo que para alivianar el trabajo juntaba agua de la lavaza y así no tener que ir a buscar agua al pozo...”.(Sra. Herminda).
“...Después de venir varias veces a este cerro, nos decidimos a construir nuestra casa. Fueron años de constancia y esfuerzo, sábados, domingos, días de fiesta y en las noches, aquí con mi mujer y mis hijos unidos, trabajando para poner en pie nuestra casa...”. (Neftalí).
Fueron también las difíciles condiciones de vida y la falta de urbanización las que dieron origen a las primeras organizaciones vecinales de Achupallas.
“...El objetivo principal de los vecinos de la calle, fue lograr obtener lo que no se tenía en ese tiempo: el agua, la luz y alcantarillado. Pero además de trabajar por una necesidad en común, esta organización nos sirvió para unirnos más como personas...”. (Juan T.)
Desde los variados grupos de vecinos que fueron desarrollándose nació la idea de conformar una agrupación de juntas vecinales de Achupallas.
“...Pasaba el mes de octubre de 1964, se reunieron varios vecinos en la cancha de fútbol que existía en el paradero 7, y ahí, se plantearon los problemas de adelantos que teníamos...”. (Marcelino).
“...El último domingo de noviembre se citó a una asamblea general a la que asistieron representantes de todos los rincones de Achupallas. En ella se procedió a nombrar a los directivos de la Agrupación, quedando como su presidente don Omar Reyes...”.(Marcelino).
c.- Tercera etapa: Poblamiento temprano (1965- 1973).
El terremoto de 1965 es un hecho que aceleró el poblamiento de Achupallas. A raíz de este sismo muchos de los antiguos adquirientes decidieron arribar al lugar.
“...Particularmente mi fami8lia quedó damnificada con el terremoto del ’65 en Valparaíso, así que aprovechamos que teníamos el terreno, pedimos ayuda a la oficina de emergencia y así conseguimos la estructura básica de nuestra casa...”. (Juan T.)
“...Primero fueron dos piezas para salvar el apuro después del terremoto y, posteriormente, se fueron construyendo las demás piezas para una familia de 13 personas con 11 hijos ...”.(Rosa R.)
Así, el fuerte sismo del año’65 ayudó a masificar el poblamiento en todas las Achupallas y los sectores colindantes. Entre el ’65 y el 66´se levantaron las poblaciones de Villa dulce Ampliación, Granadillas, Los Almendros, Villa Hermosa y Santa Julia Sur.
Para los achupallinos ya asentados en el sector, como don Marcelino Cadiu, entre los efectos del terremoto estuvo la dictación de una “Ley de Reconstrucción” que permitió a muchos pobladores obtener, por fin, la escritura de sus terrenos ( aún cuando no estuvieran urbanizados).
“Fue paradojal como el terremoto, que tanto daño había causado nos otorgó una herramienta para exigir las escrituras a PROVIEN, la que hasta entonces se negaba a otorgarlas”.
Fue, pues, desde mediados de los años ’60 que Achupallas, sector autoconstrucción, comenzó a mostrar dinamismo y participación entre su población. Al calor de este dinamismo, el sector empezó a mostrar sus primeros grandes adelantos.
Se entregaron las primeras escrituras públicas, se levantan las primeras escuelas (M. Zenteno y la Parva), se inician los trabajos para dotar de alumbrado público a la avenida Ibáñez y se comienza a asfaltar la calle principal. Con ello mejora notoriamente la locomoción colectiva.
En julio de 1966, se inauguraron simultáneamente el camino asfáltico y el alumbrado público en la avenida Carlos Ibáñez. Este hecho es recordado por la Sra Inés Figueroa:
“...Me acuerdo que mi padrino, (era un camionero) convenció hasta a mi mamá par .que fuera a mirar el gran espectáculo de la iluminación de la calle principal. Llegamos hasta el paradero 9, más no se podía. Fue un día de mucha alegría para los pobladores, incluso muchos niños que habían nacido en Achupallas no conocían la luz eléctrica...”.
Ese día hubo fiesta en Achupallas y a ella la Agrupación de Juntas Vecinales invitó a todas las autoridades del Gobierno y de la Iglesia Católica, incluso el presidente de la República envió a un ministro en su representación. Los años ’60 son recordados como un periodo de grandes esfuerzos, pero también como un tiempo de alegrías y logros para el sector. Se hizo sentir la participación y movilización de sus habitantes para alcanzar los adelantos, al calor de lo cual se fue dando una importante vida comunitaria.
“...Quienes nos movíamos en la cosa vecina, fuimos testigos y participantes de hechos que hoy serían muy difíciles de realizar. Se daban otras cualidades entre los vecinos como el compañerismo, la solidaridad y la honestidad. Inolvidables serán las fiestas del 18 de septiembre o Pascua y Año Nuevo, donde la fiesta se realizaba en la calle y donde quien pasara por el lugar podía participar de ella; hoy cada quien lo celebra con sus familiares más cercanos...”. (Teresa Salas.)
“...Recuerdo que se hacían carnavales para celebrar la semana de Santa Julia. Se hacían competencias por las calles y se participaba por alianzas, con candidatas y bailes, durante varios años, donde participaban hombres, mujeres y niños...” (Nancy).
Hacia fines de los ’60 el sector estaba más poblado y comenzaron a extenderse los adelantos urbanos como las calles. Son muchos los vecinos que recuerdan como, ellos mismos, se organizaban para realizar los trabajos de adelantos.
“...A nosotros nos pedían guardar las herramientas, como mi marido era de la SEDAMAR, los colegas venían el fin de semana a hacer excavaciones para el agua y otros adelantos...”. (Sra. Herminda).
Para entonces, la comunidad de Achupallas mostraba una variada gama de organizaciones y aparecieron las primeras instituciones del sector: las juntas de vecinos, los centro de madres, las escuelas, los clubes deportivos y las iglesias. Junto con ellos existieron numerosas otras organizaciones como las agrupaciones de amigos, grupos de rayuela y algunos clubes juveniles que generaron espacios de participación en el sector.
“...En el año ’68, yo tenía 12 años, y en el paradero 4 había un señor de nombre Hernán Correa, obrero de Ambrosoli, y se ofreció a formar un grupo juvenil. Llegamos a ser 40 socios los del grupo juvenil los Hippies Boys. Hicimos carnavales, paseos a la playa y al campo. Recuerdo que para divertirnos en esa época íbamos a fiestas y yo salía con mi hermano para que me dieran permiso. Famosa era la Quinta Don Berna, ahí íbamos en patota, era una quinta de recreo, al fondo tenía un espacio techado donde estaban las mesas, el escenario, una pista de baile donde llegaban orquestas y se escuchaban boleros de Lucho Gatica, Kike Villanueva, Lo Iracundos, Rafael, Adamo, etc. Era el tiempo de los bailes apretados. Los chiquillos eran muy especiales, siempre existió un gran respeto entre nosotros...”. (Inés Figueroa).
A principios de los años’70, el sector se masificaba, las numerosas familias y los adelantos que empezó a mostrar, atrajo a otros tantos que no tenían aún un terreno o que habían esperado un mejor momento para “subir”. En este tiempo, comenzó a cobrar vigencia una forma distinta a la autoconstrucción a partir de la compra de un terreno por intermedio del sindicato que había predominado hasta entonces como forma de acceso y construcción.
Pobladores de diversas localidades de la zona, que tenían necesidades de un lugar donde vivir se organizaron en comités para hacer frente a la falta de habitación. En Achupallas y sectores aledaños, se produjeron ocupaciones de terreno, los que a la postre, dieron origen a nuevas poblaciones.
“...Formamos un comité de 50 familias para comprar terrenos. Las reuniones las hacíamos en la calle Los Geranios, eran reuniones acaloradas. Partimos como un mes después de la toma de la población Glorias Navales, que en ese tiempo se llamaba Salvador Allende, nos instalamos aquí en Santa Julia y nacieron tres poblaciones: Chile Nuevo, Primera Dama y Unión Popular. Después del golpe militar, las tres poblaciones en conjunto fueron denominadas como población “Paso Los Andes”...”. (Ricardo M.)
d.- Poblamiento tardío ( 1974-1990)
Todo el dinámico proceso que se venía desarrollando antes de 1973, se vio abruptamente interrumpido con el golpe militar. La dictadura afectó la vida de toda la sociedad y repercutió con fuerza en las condiciones de vida de la población. En Achupallas, si bien el cambio político no significó en un primer momento detener el acelerado proceso de poblamiento que se daba desde los años ’60, la nueva realidad afectó las condiciones de vida de sus habitantes y cambió las relaciones sociales al interior de la comunidad. Hacia el año ‘75 se produjo una transformación en la economía del país lo que implicó un masivo cierre de las fuentes laborales, particularmente del sector industrial. Con el cierre de industrias se vieron afectadas miles de familias de trabajadores que viven en sectores como Miraflores Alto, Santa Inés, Forestal, Reñaca Alto, Glorias Navales y Achupallas. Se produce una fuerte cesantía y son muchas las familias que carecen de lo más mínimo para su subsistencia. Deben acudir a la caridad de instituciones como la Iglesia Católica.
Ante la crisis social el Estado creó un subsidio al empleo, conocido como el Plan del Empleo Mínimo (PEM), en el cual miles de pobladores se vieron incorporados. Por este tiempo la mayoría de las organizaciones sociales habían dejado de funcionar y las que permanecieron se encontraban condicionadas por el soplonaje y la obsecuencia. Mucha gente sintió temor y no quiso hablar ni participar en los espacios donde hasta hacía poco tiempo buscaba solución a sus problemas y convivía con sus vecinos el terrorismo de los militares dejó sus secuelas entre los pobladores.
“...El golpe de Estado de ’73, me pilló siendo dirigente sindical de la ULA (Unión Lechera de Aconcagua). De inmediato fui exonerado y luego, pasé por las manos de los torturadores .Quedé inválido a raíz de las golpizas que me dieron los “valientes soldados” de la”... Armada de Valparaíso. (Eduardo T).
En este contexto poco favorable para la expresión de la población el año ’78 se produjo la expropiación de los saldos de terrenos de las Achupallas, poniendo término a la sociedad PROVIEN, y con ello a la autonomía del proyecto habitacional que se había iniciado desde la Confederación.
A fines de los ’70 se vieron marcados por el surgimiento de una serie de iniciativas de pobladores que se agruparon para defender derechos y necesidades, como la alimentación, la participación, la expresión y el esparcimiento. Pese a ser pocas, fueron la base de un desarrollo organizativo posterior en la década de los ’80.
Al comienzo de los ’80 m fue notoria la presencia de jóvenes que se integraron a diversas acciones de participación, como: campamentos, peñas folclóricas, grupos de teatro y actividades de apoyo a iniciativas de subsistencia (comedores populares). En 1981, una “recesión económica internacional”, produce fuertes retrocesos en la economía del país. Más aún entre familia de pobladores. El país registró una cesantía real del 33% en 1984. El estado se vió en la obligación de implementar nuevos subsidios. Se crea el Plan de Ocupación para Jefes de Hogar (POHJ), en el que se vieron incorporados muchos en Achupallas. Esta crisis económica afectó fuertemente la estructura familiar. La cesantía prolongada del jefe de hogar hizo que muchas mujeres, dueñas de casa, tuvieran que salir a trabajar fuera de su hogar. Es un tiempo en que muchos vecinos se ven obligados a generar diversas estrategias de subsistencia (vender o empeñar los enseres del hogar, pedir ayuda a la iglesia, o incluso bajar a pie al plan de la ciudad porque no había plata para la micro). Es el tiempo en que se multiplicaron las ventas en la calle y reaparecieron los “baratillos” en la población.
Entretanto, el sector siguió aumentando su población. El censo de 1982 señaló que en Achupallas hay más de 22 mil habitantes. Cada vez son menos los espacios que quedan para levantar viviendas. Los precios del suelo se encarece y ya no es posible repetir el ciclo que hicieron los primeros habitantes (adquirir terrenos de 450 metros cuadrados). A estas alturas ya muchos de los hijos de los colonos habían crecido y necesitaron sus propios espacios. Comenzó a sentirse un agudo problema de vivienda, se multiplican los allegados en casa de parientes o amigos y la construcción de piezas y habitaciones en el patio de la casa de los padres.
En medio de este panorama, a mediados de lo ’80, apareció el compromiso social de un cura párroco muy particular en Achupallas, el Señor Alfredo Hudson, quien junto a un grupo de pobladores y el aporte de profesionales de UCV, levantaron el “Area Social” para ir a favor de los habitantes más necesitados, promoviendo el desarrollo de procesos de organización. Se realizó reparto de alimentos (miles de kilos de harina, aceite, porotos negros, leche y otros), se construyó un comedor popular, una amasandería y un taller de carpintería. Se implementó el programa, trabajo para un hermano. Destaca en este período el enorme esfuerzo que significó el programa “Achupallas Ayuda a Achupallas”, que dejó no sólo la construcción de 100 viviendas sociales, sino que, también el impulso de variados grupos que participan en la comunidad. Nació la Coordinadora Juvenil de Achupallas que tuvo una larga y destacada participación hasta fines 1980. La variedad y la masividad que alcanzaron sus iniciativas (festival, campamentos, encuentros con niños, etc. ) la ubican dentro de las organizaciones relevantes de la comuna, durante gran parte de los ’80. Surgió la Pastoral Juvenil dentro de la estructura parroquial, dando nuevo impulso a un sector que necesitaba de espacios de participación.
Los adultos en su mayoría se retrajeron dentro del hogar y/o se mantuvieron ligados a sus organizaciones tradicionales, como los clubes deportivos, las juntas vecinales o los centros de madres, pero estas ya no eran lo que representaban en los años ’60 donde lograban involucrar a gran parte del vecindario. Ahora eran sólo pequeños grupos (manejados por mujeres pinochetistas a través de CEMA Chile, financiado por el Ejército). En estos espacios sus directivos no se esforzaron por recoger las necesidades más sentidas y urgentes (como la cesantía y el hambre) de la población; razón por la cual no logran hacer trabajar mancomunadamente a los vecinos. Había cambiado la mentalidad comunitaria que caracterizó al sector en la década del ’60. A fines de los años ’80, sin embargo, soplarán nuevos vientos en la dinámica de Achupallas. El sector ya con adelantos en su urbanización (la expropiación de terrenos obligó a SERVIU terminar con toda la urbanización de Achupallas), cuenta con más de 27 mil habitantes. Por este tiempo mediante la movilización de un grupo de vecinos, se logró la colocación de un semáforo en el paradero 5 ½, en un sitio de paso de escolares. Fue la acción del Consejo Territorial de Achupallas. A estas alturas ya no existía el problema de la falta de locomoción de los primeros tiempos, ahora era al revés, había que protegerse del enorme tráfico de la locomoción. En este mismo período, fue surgiendo un gran interés por democratizar las juntas de vecinos y dejar atrás las directivas designadas.
Entre los años 88 y 90 se producen masivas votaciones en cada una de las 13 juntas de vecinos existentes en el sector (ahora existen 18) y se renueva directiva de la Agrupación de Juntas Vecinales e Achupallas. Apareció en escena el problema de las familias allegadas, demanda social que no había logrado expresarse durante muchos años en forma abierta (por pobreza, cesantía y miedo a la represión). En poco tiempo se organizaron 13 comités que agruparon a más de 700 familias sin casa del sector. Según estimaciones que hizo el CIDPA, para ese período en Achupallas existen alrededor 1500 familias sin casa.
Los años ’90, que recién están, ahí, sirven más bien para evaluar lo que ha sido toda esta historia del proceso de poblamiento de Achupallas, marcado por la autoconstrucción de las viviendas por parte de sus habitantes, hecho que da su carácter al sector y la consolidación de un asentamiento en la ciudad para miles de familias populares, llegadas de los más variados lugares de la región y del país.
A 20 minutos en locomoción colectiva desde el centro de la ciudad, hoy Achupallas aparece totalmente integrada al orden y funcionamiento de la ciudad. Atravesada a medio por una carretera internacional se siente cada vez más cerca del boom “remodelador” con nuevos remozamientos de vías, y levantamientos de altos y costosos edificios de departamentos, supermercados, cadenas de farmacias, automotoras varias, “Home Center”y “Mac Donalds”. En conjunto producen el incremento de la valía del suelo de la ciudad (14 Unidades de Fomento el metro cuadrado, en 1995). Esto sube como hervor de agua cada vez más también a los cerros. Por ahora los radicados achupallinos están contentos, pues, el avalúo de sus propiedades se eleva sustantivamente y comprar un terreno allí, ya no resulta tan barato, como lo era, hace solo unos años atrás.
En su carretera (Carlos Ibañez) transitan cientos de vehículos diariamente; automóviles particulares, grandes camiones y sobre todo buses. Ello se intensifica llegando a la rotonda Santa Julia, desde donde uno puede dirigirse al centro de la ciudad, hacia Quilpué, Miraflores, a la costa camino a Con Con o hacia comunas y provincias denominadas acá como del interior de la región (Quillota, Calera, San Felipe y Los Andes).
La localidad, si bien muestra, pos varios lados, todos los rasgos de un asentamiento popular masivo hecho por autoconstrucción, también genera el efecto de un lugar en buena medida urbanizado, integrado a la gran urbe, conectado a los circuitos de vida de la ciudad. El territorio se ve grande y extenso. Y al cruzar la Avenida Ibañez del paradero uno al paradero 12 se confirma su gran dimensión. Pero; ¿ qué es lo que hay dentro de este territorio?, es difícil asimilarlo con una sola pasada.
El territorio achupallino de los años “90”, no es el mismo que conocieron sus colonizadores, a mediados de los años 50. Hoy es un lugar densamente poblado donde cada día queda menos espacio para edificar. El progresivo poblamiento y los adelantos urbanos modificaron el paisaje.
Pero su forma característica, de gran planicie en las alturas de Viña del Mar, con quiebres y cerros dentro del gran cerro, no ha variado, permanece intacto. Todavía encontramos en sus laderas una variedad de arbustos y matorrales silvestres. Y por el cariño al terruño de algunos de sus vecinos (como don Eduardo Ugarte) uno puede hallar vertientes naturales. Lo que ya no existe son los bosques de pino y eucaliptus que con tanta nostalgia recuerdan los antiguos achupallinos.
Las quebradas hoy por hoy encontraron su relevancia pues, si bien hasta hace una década, a pocos se les hubiera ocurrido instalarse con casa en una quebrada, ahora son muchos quienes llegan y las pueblan. En estas, se han llevado a efecto las llamadas “tomas silenciosas”. Se han ido instalando piezas de madera, de internit, casas de materiales mixtos, casas sólidas, etc. la estrategia es; primero se aplana el terreno, luego se instala una pieza (de material liviano), a medida que pasan algunas semanas comienza un proceso de movilización para hacer los trámites de regulación del terrero y la consecución de servicios básicos. Es aquí donde se ha estado expresando el proceso de crecimiento más nuevo (y tal vez más numeroso) de población. La otra tendencia fue la construcción de una segunda casa “(independiente)”, dentro del mismo sitio original del grupo familiar. La ocupa un descendiente de la familia o se arrienda como medio de mejorar la renta familiar.
La mayoría de las unidades vecinales mantiene los nombres primeros que recibieron cuando se hicieron los sorteos de terrenos. Así aparecen la Villa Independencia; Sedamar y Sedamar Oriente; Textil Viña, Sector (Textil) Caupolicán; Pueblo hundido, Shell- Textil, Empleados particulares; Marina Mercante; los Almendros, Sector Guzmán, son referencias a lugares de fuentes laborales.
Destacamos hoy en el lugar su importante nivel de urbanización. La gran mayoría de la población cuenta con agua potable, luz eléctrica, y alcantarillado. Los adelantos mucho tienen que ver con los esfuerzos y las inversiones de los propios achupallinos a lo largo del proceso de poblamiento del sector.
II Historia de Achupallas:
Primera etapa.
En su memoria los pobladores colonizadores guardan las experiencias vitales que dan cuenta y otorgan razón a la importancia que le dan al habitar hoy en Achupallas.
“...Arrendábamos en Santa Inés en la calle 4- a una cuñada. Antes de casarnos yo le insistí a mi marido que teníamos que comprarnos una casa, sea lo que sea, para tener algo propio...entonces salió la noticia que entregaban terrenos por Sedamar, y yo le dije a él. El trataba de hacerme arrepentir me decía ¡cómo vamos a vivir ahí¡ cuando no hay agua ni luz ¡no importa¡, le dije, de alguna manera vamos a tener, yo me arriesgo. Nos vinimos y ...fue la pascua más linda y romántica que recuerdo, iluminados sólo con velas. La casa eran dos piezas que se ventilaban por todos lados, pero nunca me sentí mal por eso a mi me bastaba que fuera nuestra y ya veríamos como se iría arreglando...” ( recuerda la señora Herminda)
a.- Los orígenes (1950-1954)
La historia de Achupallas se remonta a década del ‘50, cuando trabajadores vinculados a los numerosos sindicatos que existían en la zona deciden adquirir el fundo “Las Achupallas”. Por ese entonces la comuna de Viña del Mar, vivía un gran dinamismo económico y la ciudad sufría vertiginosos cambios. La industria tenía un lugar destacado en las fuentes laborales y este hecho quedó grabado en los recuerdos de los habitantes de Achupallas.
Estaba Caupolicán Algodón, ULA, SEDAMAR; GATRY (donde hoy está el Lider), Textil Viña, Ambrosoli, COIA, Oxiquim, SIMSA, entre muchas otras, varias de las cuales están desaparecidas.
El dinamismo industrial que experimentó la ciudad activó a otros rubros económicos de la zona, como el comercio la construcción y diversos servicios. Junto con ello, se generó un poderoso foco de atracción para miles de trabajadores (hombres y mujeres) que llegaron a la ciudad en busca de mejores horizontes, llegaron de regiones del norte y sur del país, así como también de distintos lugares de la provincia de Valparaíso. Fue tal la cantidad de los que llegaron que la comuna de Viña, creció entre los años 1940 y 1959 en un 42%, superando, hacia 1960, la cifra de 100.000 habitantes. Pero como en todas ciudades de Chile, este aumento explosivo de población trajo consigo una serie de dificultades urbanísticas y sociales. A medida que creció la población, se fue haciendo más difícil la situación de la vivienda.
Arriendos caros, casas en malas condiciones, hacinamientos, eran situaciones comunes a las familias populares en ese tiempo. Fue en medio de esa realidad donde nace el proyecto “Las Achupallas”, cuando miles de trabajadores se ven obligados a plantearse sus propias alternativas de solución habitacional. En 1948 surgió la Confederación Nacional de Sindicatos Obreros de Viña del Mar, institución que reunía a más de 150 sindicatos y gremios de la zona y del país. Desde la Confederación liderada entonces por don Rubén Hurtado y Emilio Puebla, entre otros surgió la iniciativa de comprar el fundo Las Achupallas. Así, este hecho, es recordado por el vecino Eduardo Tapia:
“Fue entonces cuando la directiva de la Confederación tuvo la visión de comprar los terrenos que conformaban el fundo Las Achupallas, que pertenecía a unos turcos, la Familia Kameidi. Todo el terreno costó 7 millones 250 mil pesos que se obtuvieron del pago que hicimos los trabajadores, habíamos unos 10 mil afiliados en ese tiempo.”
La compra del fundo se materializó en el mes de Junio de1950 y se operacionalizó por vía del Sindicato Industrial; Compañía Refinadora de azúcar- CRAV-; por ser esta una agrupación que tenía personalidad jurídica y el respaldo en bienes para hacer efectiva la compra. El extenso predio, tenía más de 9 millones de metros cuadrados, y sus deslindes comprendían el actuar sector Limonares por el oeste, El Jardín Botánico por el este y desde la Población Santa Julia por el norte, hasta los terrenos de la Cooperativa Canal Beagle. El proyecto en el imaginario de los sindicalistas, consistía en la construcción de una ciudad satélite donde pudieran vivir 10 mil familias de trabajadores de la zona.
Este megaproyecto como lo llamaríamos hoy, era, por cierto ambicioso. La flamante ciudad obrera contaría con todo lo indispensable para vivir y desarrollarse en el sector, tendría casa para habitar con dignidad, centros comerciales, escuelas, lugares para el culto, áreas verdes para el esparcimiento y recreación y sus amplias calles y avenidas que reflejaban una visión de futuro en sus inspiradores.
Pero con el correr de los años el proyecto se fue dilatando y su realización se fue enredando en innumerables trabas legales, situación que lo mantuvo en buena medida paralizado por casi una década. Aún así, ya en los años 50 nos encontramos con grupos de familias en Achupallas. La mayoría eran personas que vivían en el lugar en calidad de inquilinos o medieros radicados en el sector. Otros pocos eran ocupantes y cuidadores de sitios cuyos propietarios no querían o no podían venirse a habitar todavía. En general se trató de viviendas muy precarias, aisladas entre sí. Fueron chozas o ranchos instalados en un paisaje semi rural, con crianzas de animales, bosques y cultivos menores. El aislamiento fue notorio respecto a la ciudad. Hacia fines del 50, los directivos de la Confederación crean una figura jurídica, La Sociedad Promotora de Viviendas Económicas, PROVIEN, instancia a la cual se traspasa los bienes adquiridos y la administración del proyecto. A su cabeza aparecen varios de los mismos dirigentes de la confederación. La sociedad se encarga de llevar adelante numerosas iniciativas, entre ellas gestiones ante el Estado y Organismos Internacionales, fabricación de bloques y tubos de cemente, fabricación de ladrillos, compra de maquinarias pesadas, y varios otros de gran envergadura. Fue en este periodo cuando la sociedad, gestionó ante las autoridades medidas para iniciar la urbanización de los terrenos y consiguen un préstamo de 2 millones de dólares con el Banco Interamericano del Desarrollo ( BID), gracias al cual comienza una etapa de ejecución de obras. De esta manera, se inicia la apertura de caminos y se plantean las primeras medidas de adelantos en algunos sectores.
Se levantaron 1880 viviendas en lo que fue la Población “Villa Dulce”, a lo que acceden principalmente los trabajadores de la CRAV, por ese tiempo “ los mejores remunerados a nivel de Industrias”. Otros, asociados en cooperativas, dieron origen, mediante gestiones con el Ministerio de la Vivienda a la población “Canal Beagle”. Con anterioridad, el llamado sector “ Los Limonares”, había sido vendido a la CORVI que desarrolló allí un masivo plan habitacional. Pero un amplio grupo de asociados, optó por un plan de autoconstrucción. Querían levantar las casas a su manera, de acuerdo a sus posibilidades. Esto dio origen a lo que hoy conocemos como Achupallas o sector autoconstruccción, como se decía en ese tiempo. Su desarrollo y urbanización fue, en general distinto al resto de los sectores y su caminar mucho más lento, y sacrificado que el de los demás. Pero por eso mismo, generó también un interesante proceso de desarrollo de la identidad de sus pobladores.
b.- Segunda etapa: La Colonización (1955-1964)
Comenzaron llegar los primeros habitantes de Achupallas, que hasta fines del ’50 todavía eran muy pocos. Según el censo de 1960, en el sector vivían sólo 1.714 personas ( en todas las “Achupallas”).
Pero ya desde el inicio de la década del ‘60 se fue incrementando notablemente su población. En una primera etapa, (que va del ‘61 al ‘64), el incremento se debió a la construcción de dos poblaciones; Villa Dulce, CRAV y Villas Dulce Norte. Luego se sumaron Villas Independencia, levantada por los socios del Sindicato de Trabajadores Independientes de Viña del Mar, SEDAMAR Oriente, Marina Mercante, Santa Julia Norte y Santa Julia Central. Fue este un periodo de colonos, como gustan llamarse los primeros habitantes, donde todo estaba por construirse.
“...Esto era un verdadero campo, no teníamos negocios, había que ir al plan, había una sola micro que hacía 2 viajes al día, los caminos eran sólo senderos.
Era muy bonito, mantenía ese ambiente de zona rural, los vecinos nos ubicábamos muy distantes uno del otro, y siempre que venía alguien a ver los terrenos, los vecinos salían a alentarlo para que se quedara”.
Lo que más urgía en ese tiempo, era la falta de agua, que en mi caso lo resolví en la construcción de una noria que servía también para el consumo de los demás vecinos...”.
Fue en ese ambiente más bien, de tipo rural, que poco a poco los achupallinos comenzaron a levantar sus viviendas. Lo hicieron usando en muchos casos los recursos que el propio territorio achupallino ofrecía en esos momentos. Así, tierra, árboles y ramas formaron parte de los materiales con que se construyó la vivienda. Además del trabajo propio de los colonos.
“...Mi papá, al principio, construyó una casa con barro mezclada con ramas de pino. En ese tiempo, casi todas las casas se construían así...”. (Nancy)
“...Yo valoro los sacrificios que hizo mi marido por esta casa, él la construyó y yo le ayudaba en lo que podía, armando los pastelones de adobe. Recuerdo que para alivianar el trabajo juntaba agua de la lavaza y así no tener que ir a buscar agua al pozo...”.(Sra. Herminda).
“...Después de venir varias veces a este cerro, nos decidimos a construir nuestra casa. Fueron años de constancia y esfuerzo, sábados, domingos, días de fiesta y en las noches, aquí con mi mujer y mis hijos unidos, trabajando para poner en pie nuestra casa...”. (Neftalí).
Fueron también las difíciles condiciones de vida y la falta de urbanización las que dieron origen a las primeras organizaciones vecinales de Achupallas.
“...El objetivo principal de los vecinos de la calle, fue lograr obtener lo que no se tenía en ese tiempo: el agua, la luz y alcantarillado. Pero además de trabajar por una necesidad en común, esta organización nos sirvió para unirnos más como personas...”. (Juan T.)
Desde los variados grupos de vecinos que fueron desarrollándose nació la idea de conformar una agrupación de juntas vecinales de Achupallas.
“...Pasaba el mes de octubre de 1964, se reunieron varios vecinos en la cancha de fútbol que existía en el paradero 7, y ahí, se plantearon los problemas de adelantos que teníamos...”. (Marcelino).
“...El último domingo de noviembre se citó a una asamblea general a la que asistieron representantes de todos los rincones de Achupallas. En ella se procedió a nombrar a los directivos de la Agrupación, quedando como su presidente don Omar Reyes...”.(Marcelino).
c.- Tercera etapa: Poblamiento temprano (1965- 1973).
El terremoto de 1965 es un hecho que aceleró el poblamiento de Achupallas. A raíz de este sismo muchos de los antiguos adquirientes decidieron arribar al lugar.
“...Particularmente mi fami8lia quedó damnificada con el terremoto del ’65 en Valparaíso, así que aprovechamos que teníamos el terreno, pedimos ayuda a la oficina de emergencia y así conseguimos la estructura básica de nuestra casa...”. (Juan T.)
“...Primero fueron dos piezas para salvar el apuro después del terremoto y, posteriormente, se fueron construyendo las demás piezas para una familia de 13 personas con 11 hijos ...”.(Rosa R.)
Así, el fuerte sismo del año’65 ayudó a masificar el poblamiento en todas las Achupallas y los sectores colindantes. Entre el ’65 y el 66´se levantaron las poblaciones de Villa dulce Ampliación, Granadillas, Los Almendros, Villa Hermosa y Santa Julia Sur.
Para los achupallinos ya asentados en el sector, como don Marcelino Cadiu, entre los efectos del terremoto estuvo la dictación de una “Ley de Reconstrucción” que permitió a muchos pobladores obtener, por fin, la escritura de sus terrenos ( aún cuando no estuvieran urbanizados).
“Fue paradojal como el terremoto, que tanto daño había causado nos otorgó una herramienta para exigir las escrituras a PROVIEN, la que hasta entonces se negaba a otorgarlas”.
Fue, pues, desde mediados de los años ’60 que Achupallas, sector autoconstrucción, comenzó a mostrar dinamismo y participación entre su población. Al calor de este dinamismo, el sector empezó a mostrar sus primeros grandes adelantos.
Se entregaron las primeras escrituras públicas, se levantan las primeras escuelas (M. Zenteno y la Parva), se inician los trabajos para dotar de alumbrado público a la avenida Ibáñez y se comienza a asfaltar la calle principal. Con ello mejora notoriamente la locomoción colectiva.
En julio de 1966, se inauguraron simultáneamente el camino asfáltico y el alumbrado público en la avenida Carlos Ibáñez. Este hecho es recordado por la Sra Inés Figueroa:
“...Me acuerdo que mi padrino, (era un camionero) convenció hasta a mi mamá par .que fuera a mirar el gran espectáculo de la iluminación de la calle principal. Llegamos hasta el paradero 9, más no se podía. Fue un día de mucha alegría para los pobladores, incluso muchos niños que habían nacido en Achupallas no conocían la luz eléctrica...”.
Ese día hubo fiesta en Achupallas y a ella la Agrupación de Juntas Vecinales invitó a todas las autoridades del Gobierno y de la Iglesia Católica, incluso el presidente de la República envió a un ministro en su representación. Los años ’60 son recordados como un periodo de grandes esfuerzos, pero también como un tiempo de alegrías y logros para el sector. Se hizo sentir la participación y movilización de sus habitantes para alcanzar los adelantos, al calor de lo cual se fue dando una importante vida comunitaria.
“...Quienes nos movíamos en la cosa vecina, fuimos testigos y participantes de hechos que hoy serían muy difíciles de realizar. Se daban otras cualidades entre los vecinos como el compañerismo, la solidaridad y la honestidad. Inolvidables serán las fiestas del 18 de septiembre o Pascua y Año Nuevo, donde la fiesta se realizaba en la calle y donde quien pasara por el lugar podía participar de ella; hoy cada quien lo celebra con sus familiares más cercanos...”. (Teresa Salas.)
“...Recuerdo que se hacían carnavales para celebrar la semana de Santa Julia. Se hacían competencias por las calles y se participaba por alianzas, con candidatas y bailes, durante varios años, donde participaban hombres, mujeres y niños...” (Nancy).
Hacia fines de los ’60 el sector estaba más poblado y comenzaron a extenderse los adelantos urbanos como las calles. Son muchos los vecinos que recuerdan como, ellos mismos, se organizaban para realizar los trabajos de adelantos.
“...A nosotros nos pedían guardar las herramientas, como mi marido era de la SEDAMAR, los colegas venían el fin de semana a hacer excavaciones para el agua y otros adelantos...”. (Sra. Herminda).
Para entonces, la comunidad de Achupallas mostraba una variada gama de organizaciones y aparecieron las primeras instituciones del sector: las juntas de vecinos, los centro de madres, las escuelas, los clubes deportivos y las iglesias. Junto con ellos existieron numerosas otras organizaciones como las agrupaciones de amigos, grupos de rayuela y algunos clubes juveniles que generaron espacios de participación en el sector.
“...En el año ’68, yo tenía 12 años, y en el paradero 4 había un señor de nombre Hernán Correa, obrero de Ambrosoli, y se ofreció a formar un grupo juvenil. Llegamos a ser 40 socios los del grupo juvenil los Hippies Boys. Hicimos carnavales, paseos a la playa y al campo. Recuerdo que para divertirnos en esa época íbamos a fiestas y yo salía con mi hermano para que me dieran permiso. Famosa era la Quinta Don Berna, ahí íbamos en patota, era una quinta de recreo, al fondo tenía un espacio techado donde estaban las mesas, el escenario, una pista de baile donde llegaban orquestas y se escuchaban boleros de Lucho Gatica, Kike Villanueva, Lo Iracundos, Rafael, Adamo, etc. Era el tiempo de los bailes apretados. Los chiquillos eran muy especiales, siempre existió un gran respeto entre nosotros...”. (Inés Figueroa).
A principios de los años’70, el sector se masificaba, las numerosas familias y los adelantos que empezó a mostrar, atrajo a otros tantos que no tenían aún un terreno o que habían esperado un mejor momento para “subir”. En este tiempo, comenzó a cobrar vigencia una forma distinta a la autoconstrucción a partir de la compra de un terreno por intermedio del sindicato que había predominado hasta entonces como forma de acceso y construcción.
Pobladores de diversas localidades de la zona, que tenían necesidades de un lugar donde vivir se organizaron en comités para hacer frente a la falta de habitación. En Achupallas y sectores aledaños, se produjeron ocupaciones de terreno, los que a la postre, dieron origen a nuevas poblaciones.
“...Formamos un comité de 50 familias para comprar terrenos. Las reuniones las hacíamos en la calle Los Geranios, eran reuniones acaloradas. Partimos como un mes después de la toma de la población Glorias Navales, que en ese tiempo se llamaba Salvador Allende, nos instalamos aquí en Santa Julia y nacieron tres poblaciones: Chile Nuevo, Primera Dama y Unión Popular. Después del golpe militar, las tres poblaciones en conjunto fueron denominadas como población “Paso Los Andes”...”. (Ricardo M.)
d.- Poblamiento tardío ( 1974-1990)
Todo el dinámico proceso que se venía desarrollando antes de 1973, se vio abruptamente interrumpido con el golpe militar. La dictadura afectó la vida de toda la sociedad y repercutió con fuerza en las condiciones de vida de la población. En Achupallas, si bien el cambio político no significó en un primer momento detener el acelerado proceso de poblamiento que se daba desde los años ’60, la nueva realidad afectó las condiciones de vida de sus habitantes y cambió las relaciones sociales al interior de la comunidad. Hacia el año ‘75 se produjo una transformación en la economía del país lo que implicó un masivo cierre de las fuentes laborales, particularmente del sector industrial. Con el cierre de industrias se vieron afectadas miles de familias de trabajadores que viven en sectores como Miraflores Alto, Santa Inés, Forestal, Reñaca Alto, Glorias Navales y Achupallas. Se produce una fuerte cesantía y son muchas las familias que carecen de lo más mínimo para su subsistencia. Deben acudir a la caridad de instituciones como la Iglesia Católica.
Ante la crisis social el Estado creó un subsidio al empleo, conocido como el Plan del Empleo Mínimo (PEM), en el cual miles de pobladores se vieron incorporados. Por este tiempo la mayoría de las organizaciones sociales habían dejado de funcionar y las que permanecieron se encontraban condicionadas por el soplonaje y la obsecuencia. Mucha gente sintió temor y no quiso hablar ni participar en los espacios donde hasta hacía poco tiempo buscaba solución a sus problemas y convivía con sus vecinos el terrorismo de los militares dejó sus secuelas entre los pobladores.
“...El golpe de Estado de ’73, me pilló siendo dirigente sindical de la ULA (Unión Lechera de Aconcagua). De inmediato fui exonerado y luego, pasé por las manos de los torturadores .Quedé inválido a raíz de las golpizas que me dieron los “valientes soldados” de la”... Armada de Valparaíso. (Eduardo T).
En este contexto poco favorable para la expresión de la población el año ’78 se produjo la expropiación de los saldos de terrenos de las Achupallas, poniendo término a la sociedad PROVIEN, y con ello a la autonomía del proyecto habitacional que se había iniciado desde la Confederación.
A fines de los ’70 se vieron marcados por el surgimiento de una serie de iniciativas de pobladores que se agruparon para defender derechos y necesidades, como la alimentación, la participación, la expresión y el esparcimiento. Pese a ser pocas, fueron la base de un desarrollo organizativo posterior en la década de los ’80.
Al comienzo de los ’80 m fue notoria la presencia de jóvenes que se integraron a diversas acciones de participación, como: campamentos, peñas folclóricas, grupos de teatro y actividades de apoyo a iniciativas de subsistencia (comedores populares). En 1981, una “recesión económica internacional”, produce fuertes retrocesos en la economía del país. Más aún entre familia de pobladores. El país registró una cesantía real del 33% en 1984. El estado se vió en la obligación de implementar nuevos subsidios. Se crea el Plan de Ocupación para Jefes de Hogar (POHJ), en el que se vieron incorporados muchos en Achupallas. Esta crisis económica afectó fuertemente la estructura familiar. La cesantía prolongada del jefe de hogar hizo que muchas mujeres, dueñas de casa, tuvieran que salir a trabajar fuera de su hogar. Es un tiempo en que muchos vecinos se ven obligados a generar diversas estrategias de subsistencia (vender o empeñar los enseres del hogar, pedir ayuda a la iglesia, o incluso bajar a pie al plan de la ciudad porque no había plata para la micro). Es el tiempo en que se multiplicaron las ventas en la calle y reaparecieron los “baratillos” en la población.
Entretanto, el sector siguió aumentando su población. El censo de 1982 señaló que en Achupallas hay más de 22 mil habitantes. Cada vez son menos los espacios que quedan para levantar viviendas. Los precios del suelo se encarece y ya no es posible repetir el ciclo que hicieron los primeros habitantes (adquirir terrenos de 450 metros cuadrados). A estas alturas ya muchos de los hijos de los colonos habían crecido y necesitaron sus propios espacios. Comenzó a sentirse un agudo problema de vivienda, se multiplican los allegados en casa de parientes o amigos y la construcción de piezas y habitaciones en el patio de la casa de los padres.
En medio de este panorama, a mediados de lo ’80, apareció el compromiso social de un cura párroco muy particular en Achupallas, el Señor Alfredo Hudson, quien junto a un grupo de pobladores y el aporte de profesionales de UCV, levantaron el “Area Social” para ir a favor de los habitantes más necesitados, promoviendo el desarrollo de procesos de organización. Se realizó reparto de alimentos (miles de kilos de harina, aceite, porotos negros, leche y otros), se construyó un comedor popular, una amasandería y un taller de carpintería. Se implementó el programa, trabajo para un hermano. Destaca en este período el enorme esfuerzo que significó el programa “Achupallas Ayuda a Achupallas”, que dejó no sólo la construcción de 100 viviendas sociales, sino que, también el impulso de variados grupos que participan en la comunidad. Nació la Coordinadora Juvenil de Achupallas que tuvo una larga y destacada participación hasta fines 1980. La variedad y la masividad que alcanzaron sus iniciativas (festival, campamentos, encuentros con niños, etc. ) la ubican dentro de las organizaciones relevantes de la comuna, durante gran parte de los ’80. Surgió la Pastoral Juvenil dentro de la estructura parroquial, dando nuevo impulso a un sector que necesitaba de espacios de participación.
Los adultos en su mayoría se retrajeron dentro del hogar y/o se mantuvieron ligados a sus organizaciones tradicionales, como los clubes deportivos, las juntas vecinales o los centros de madres, pero estas ya no eran lo que representaban en los años ’60 donde lograban involucrar a gran parte del vecindario. Ahora eran sólo pequeños grupos (manejados por mujeres pinochetistas a través de CEMA Chile, financiado por el Ejército). En estos espacios sus directivos no se esforzaron por recoger las necesidades más sentidas y urgentes (como la cesantía y el hambre) de la población; razón por la cual no logran hacer trabajar mancomunadamente a los vecinos. Había cambiado la mentalidad comunitaria que caracterizó al sector en la década del ’60. A fines de los años ’80, sin embargo, soplarán nuevos vientos en la dinámica de Achupallas. El sector ya con adelantos en su urbanización (la expropiación de terrenos obligó a SERVIU terminar con toda la urbanización de Achupallas), cuenta con más de 27 mil habitantes. Por este tiempo mediante la movilización de un grupo de vecinos, se logró la colocación de un semáforo en el paradero 5 ½, en un sitio de paso de escolares. Fue la acción del Consejo Territorial de Achupallas. A estas alturas ya no existía el problema de la falta de locomoción de los primeros tiempos, ahora era al revés, había que protegerse del enorme tráfico de la locomoción. En este mismo período, fue surgiendo un gran interés por democratizar las juntas de vecinos y dejar atrás las directivas designadas.
Entre los años 88 y 90 se producen masivas votaciones en cada una de las 13 juntas de vecinos existentes en el sector (ahora existen 18) y se renueva directiva de la Agrupación de Juntas Vecinales e Achupallas. Apareció en escena el problema de las familias allegadas, demanda social que no había logrado expresarse durante muchos años en forma abierta (por pobreza, cesantía y miedo a la represión). En poco tiempo se organizaron 13 comités que agruparon a más de 700 familias sin casa del sector. Según estimaciones que hizo el CIDPA, para ese período en Achupallas existen alrededor 1500 familias sin casa.
Los años ’90, que recién están, ahí, sirven más bien para evaluar lo que ha sido toda esta historia del proceso de poblamiento de Achupallas, marcado por la autoconstrucción de las viviendas por parte de sus habitantes, hecho que da su carácter al sector y la consolidación de un asentamiento en la ciudad para miles de familias populares, llegadas de los más variados lugares de la región y del país.
Fuente: www.ekosol.cl
Quienes llegaron en sus inicios se emocionan cuando recuerdan sus primeros años en Achupallas. Muchos de ellos y ellas se vinieron y se quedaron porque el paisaje era muy hermoso, muy rural, la mayoría, porque aquí empezaban una nueva vida.
Quienes llegaron en sus inicios se emocionan cuando recuerdan sus primeros años en Achupallas. Muchos de ellos y ellas se vinieron y se quedaron porque el paisaje era muy hermoso, muy rural, la mayoría, porque aquí empezaban una nueva vida.
